Me marché




Entonces me marché, con mis besos y abrazos guardados en la maleta.
Sin mirarme, sin pronunciar alguna palabra me hiciste saber que el fin apenas comenzaba. 

Ese silencio que había aparecido entre nosotros, terminó consumiendo el amor que creíamos invencible. 
Entonces, empaqué mis memorias, mis ilusiones, mis sueños de alcoba que junto a ti había creado.
Sin mirarme, sin detenerme, me fuiste arrojando al vacío. 
A ese lugar en donde los demonios consumen todo lo noble de nuestro ser. 

Entonces caí, el golpe más fuerte fue cuando mis manos buscaban de las tuyas para sostenerme y la única que me cobijo fue la soledad.

La noche más larga fue aquella en la que el frío me fue tan cálido y tuvo piedad de mí; destruyendo todo a su paso, menos destruyendo lo que yo era. 
El día pesó más que la noche y me deshizo, como un frágil pétalo. 

Y ahí estaba tu recuerdo, inquietando mi alma; incendiando lo poco de mí.
Matándome sin remordimiento. 

Entonces, supe como decirte “adiós” sin derrumbarme. 
Besando tu recuerdo y regalándolo al viento. 
Ese viento que antes fue nuestro, 
y ahora es solo tuyo. 





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